
En las vitrinas del Museo Etnográfico, el visitante puede encontrar una especie de sandalias hechas de goma, desgastadas por el uso y con un aspecto bastante rudimentario. Se trata de las abarcas o “albarcas”, un tipo de calzado fabricado con gomas de neumáticos.
Realmente, no se trata de una pieza que uno esperaría encontrar en un Museo, una palabra que siempre asociamos con grandes tesoros artísticos cuya contemplación parece trasladarnos hacia otro tiempo. Sin embargo, en honor a la verdad, estas grandes obras son, en su mayor parte, un reflejo de la cotidianidad de los más poderosos. Por contra, la sencillez de una abarca rota es un auténtico documento histórico de la vida humilde, de hecho, la mayoritaria.
Nuestros abuelos eran unos auténticos maestros del reciclaje, aunque en aquellos tiempos lo llamaran “necesidad”. Las abarcas vinieron a sustituir a las “corachas”, hechas de cuero, a principios del siglo XX, con la llegada de los primeros neumáticos de caucho. El medio rural, acostumbrado a no desaprovechar nada, pronto vio las posibilidades para las ruedas pinchadas de los vehículos. No había dinero para calzado, y esa carestía se remediaba a base de destreza manual e imaginación. Agricultores, jornaleros y pastores calzaban las abarcas, que solían ponerse sobre un calcetín o media de lana, cumpliendo con creces su misión.
Miguel Hernández, el poeta pastor, supo transmitir como nadie el simbolismo de unas abarcas rotas y desgastadas por el trabajo:
Por el cinco de enero,cada enero poniami calzado cabreroa la ventana fria.(…)Toda gente de trono,toda gente de botasse rio con enconode mis abarcas rotas.(…)Y hacia el seis, mis miradashallaban en sus puertasmis abarcas heladas,mis abarcas desiertas.Hoy, con cientos de escaparates a nuestro alcance, las abarcas pueden parecer a más de uno cosa de arqueología prehistórica, cuando en realidad han estado en uso hasta hace dos día, como quien dice.
Por su valor representativo de toda una época de privaciones, hemos elegido a las abarcas dentro de nuestro “top 10”
Los fondos expuestos provienen del Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, situado en Porrúa, en la comarca asturiana de Llanes. Porrúa es un pequeño municipio con apenas un centenar de habitantes situado al pie de la Sierra del Cuera. Sus gentes han vivido de la ganadería durante generaciones, a caballo entre la montaña y el valle. El mantenimiento de esta forma de vida tradicional, y los retos a los que se enfrenta en el futuro son el tema principal de esta exposición.
Con esta iniciativa, la Asociación de Amigos del Museo se suma a la larga lista de actividades que el Museo tiene programadas, como los Viernes de la Tradición o la Cátedra de Flamenco. Nuestro fin es promover el conocimiento de sus actividades y desarrollar actividades divulgativas entre la población de San Sebastián de los Reyes. El objetivo final es que el Museo sea un espacio de encuentro y que podamos descubrir las historias y significados que esconden los objetos.
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