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AMIGOS MUSEO ETNOGRAFICO "EL CASERON" (AMAT)

ABARCAS DE NEUMÁTICOS

 

   

            En las vitrinas del Museo Etnográfico, el visitante puede encontrar una especie de sandalias hechas de goma, desgastadas por el uso y con un aspecto bastante rudimentario. Se trata de las abarcas o “albarcas”, un tipo de calzado fabricado con gomas de neumáticos.

 

            Realmente, no se trata de una pieza que uno esperaría encontrar en un Museo, una palabra que siempre asociamos con grandes tesoros artísticos cuya contemplación parece trasladarnos hacia otro tiempo. Sin embargo, en honor a la verdad, estas grandes obras son, en su mayor parte, un reflejo de la cotidianidad de los más poderosos. Por contra,  la sencillez de una abarca rota es un  auténtico documento histórico de la vida humilde, de hecho, la mayoritaria.

 

Nuestros abuelos eran unos auténticos maestros del reciclaje, aunque en aquellos tiempos lo llamaran “necesidad”. Las abarcas vinieron a sustituir a las “corachas”, hechas de cuero, a principios del siglo XX, con la llegada de los primeros neumáticos de caucho. El medio rural, acostumbrado a no desaprovechar nada, pronto vio las posibilidades para las ruedas pinchadas de los vehículos. No había dinero para calzado, y esa carestía se remediaba a base de destreza manual e imaginación. Agricultores, jornaleros y pastores calzaban las abarcas, que solían ponerse sobre un calcetín o media de lana, cumpliendo con creces su misión.

 

Miguel Hernández, el poeta pastor, supo transmitir como nadie el simbolismo de unas abarcas rotas y desgastadas por el trabajo:

Por el cinco de enero,cada enero poniami calzado cabreroa la ventana fria.(…)Toda gente de trono,toda gente de botasse rio con enconode mis abarcas rotas.(…)Y hacia el seis, mis miradashallaban en sus puertasmis abarcas heladas,mis abarcas desiertas.  

Hoy, con cientos de escaparates a nuestro alcance, las abarcas pueden parecer a más de uno cosa de arqueología prehistórica, cuando en realidad han estado en uso hasta hace dos día, como quien dice.

 

Por su valor representativo de toda una época de privaciones, hemos elegido a las abarcas dentro de nuestro “top 10”

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Los pastores asturianos, en “El Caserón”

  El próximo 2 de febrero, a las 17:30, la Sala de Prensa del Caserón acogerá el acto de apertura de la exposición “Pastores”, organizada por el Museo Etnográfico “El Caserón” en colaboración con la Asociación de Amigos del Museo.  

Los fondos expuestos provienen del Museo Etnográfico del Oriente de Asturias, situado en Porrúa, en la comarca asturiana de Llanes. Porrúa es un pequeño municipio con apenas un centenar de habitantes situado al pie de la Sierra del Cuera. Sus gentes  han vivido de la ganadería durante generaciones, a caballo entre la montaña y el valle. El mantenimiento de esta forma de vida tradicional, y los retos a los que se enfrenta en el futuro son el tema principal de esta exposición.

  

Con esta iniciativa, la Asociación de Amigos del Museo se suma a la larga lista de actividades que el Museo tiene programadas, como los Viernes de la Tradición o la Cátedra de Flamenco. Nuestro fin es promover el conocimiento de sus actividades y desarrollar actividades divulgativas entre la población de San Sebastián de los Reyes. El objetivo final es que el Museo sea un espacio de encuentro y que podamos descubrir las historias y significados que esconden los objetos.

VUELVEN LOS VIERNES DE LA TRADICIÓN

VUELVEN LOS VIERNES DE LA TRADICIÓN

El pasado 6 de octubre dio comienzo un nuevo ciclo de conciertos-didácticos. El éxito de la edición pasada ha hecho trasladar el emplazamiento hasta el Vestíbulo de Columnas, ya que la sala didáctica se ha quedado francamente pequeña.

Alberto Jambrina y Pablo Madrid fueron los encargados de inaugurar la nueva temporada, mediante la presentación de su trabajo "Vós dali e nos d´eiquí", gracias al cual aprendimos que, muchas veces, las fronteras nos unen más que nos separan.

El resto de la programación, en este enlace:

http://www.ssreyes.org/temporal/1129/tradicion.pdf

Además, el Miercoles 11 de octubre se inicia la esperada Cátedra de Flamenco con la actuación del prestigioso cantador de Sanse Paco del Pozo y la Conferencia "Pequeña Gran Historia del Flamenco" , a cargo del poeta Felix Grande. Será en el Vestíbulo de Columnas del Caserón a las 19.30

Página Oficial de Paco del Pozo

http://www.musicacreativa.com/pacodelpozo/index.htm

Biografía de Félix Grande

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2583

 

 

Una visita al Museo

El Museo “El Caserón” reúne una interesante colección etnográfica recopilada desde el año 1986 por el Centro de Estudios Tradicionales de la UP.  En el diseño museográfico de la exposición se ha intentando hacer un recorrido por la vida  del individuo en la cultura tradicional, abordando el tema de una manera didáctica.  

En la primera planta, se localizan las salas en dónde se describen las actividades más propias o íntimas de la persona: fotografía, vestido, religiosidad popular y cocina.

Iniciamos la visita por la sala de fotografía, dónde nuestros antepasados nos contemplan desde tarjetas postales, retratos, escenas pintorescas, etc., auténtica memoria de instantes fugaces congelados en el tiempo. La siguiente sala es la dedicada al vestido, elemento utilitario y simbólico, que hasta la uniformidad del siglo XX definió regiones, clases sociales y profesiones: sayas, chamarras, camisas, mantones de Manila, gorras de trabajo etc. ofrecen una pequeña muestra de la riqueza y variedad de la cultura tradicional. La sala de religiosidad popular es pequeña e íntima, devocional, y en ella se exponen relicarios, un reclinatorio, exvotos, libros religiosos, estampas etc.

La primera planta concluye con una reconstrucción de una cocina tradicional: hay algo familiar en el ambiente que casi nos hace percibir el exquisito aroma del guiso y el pan recién horneado.

            La segunda planta del Museo nos plantea la relación del individuo en sociedad: la música, el trabajo, la fiesta…Visitamos primero  la sección de instrumentos musicales: descubrimos instrumentos olvidados por la alta cultura, propios de pastores, ciegos o campesinos, pero con una personalidad propia y una historia tan vieja como la propia música. Destacan sobre todo la gaita de la sierra, autóctona de nuestra Comunidad, así como el cancionero de García Matos, ilustre folklorista gracias al cual hoy conservamos gran parte de nuestro repertorio popular.

            El hierro y la madera son los protagonistas de la sala de oficios, en dónde podemos contemplar diversas herramientas propias de herreros, zapateros, carpinteros y carreteros. Asombra la rudeza simple del hierro forjado, la belleza utilitaria de instrumentos castigados por el uso, convertidos ahora en objetos de contemplación.

            La tercera planta, dedicada al mundo de las ideas y las letras, tiene su prolegómeno en la Biblioteca: un espacio recogido que alberga una rica colección de obras etnográficas, reunidas con criterio desde los años 80. En el piso superior se exponen libros, tratados, revistas…destacan por lo antiguo “Discurso para el Fomento de la Industria Popular”, de Campomanes, y por lo pintoresco, varios números de la revista “Estampa”, de principios del siglo XX.

           

            Debemos salir ahora hacia el patio interior cubierto: en torno al espacio central se sitúan piezas relacionadas con la agricultura y la ganadería. Aquí, como en el resto del museo, lo importante no es lo que se ve, sino lo que se percibe, ya sean las imágenes que surgen en la memoria de los más ancianos o la profunda metáfora de unas abarcas rotas hechas con un neumático reciclado.

            Finalizamos la visita en las profundidades: viajamos hasta las bodegas, un espacio único, casi mágico, si me lo permiten, pues la historia de los túneles que recorrían Sanse es misteriosa por lo desconocida. Enmarcada por rústicas bóvedas de ladrillo, se expone una colección de cerámica recogida en los cuatro puntos cardinales del país, cacharros de humilde barro que, hasta la invasión del plástico, fueron fieles compañeros de la humanidad en el viaje de la Historia

VISITA AL MUSEO DEL TRAJE

El próximo 22 de abril, la asociación tiene prevista realizar una salida al Museo del Traje, en Madrid.La visita será a las 10 de la mañana, y el coste es de 1,5€, con guía incluido. Además, podremos visitar una interesante exposición fotográfica sobre artes y tradiciones populares

 

LOS VIERNES DE LA TRADICIÓN

LOS VIERNES DE LA TRADICIÓN

El Museo organiza todos los viernes conciertos y charlas didácticas a las 19:30 en el Aula Didáctica con la siguiente programación:

31 de Marzo: Javier Barrio y Fernando Llorente: La dulzaina castellana y otros instrumentos tradicionales

21 de Abril: Rafa Martín y Miguel Nava: Zanfona y gaita serrana

5 de Mayo: Eliseo Parra Percusiones Tradicionales

19 de mayo: Alfredo Valero y Carlos Blázquez El acordeón y el clarinente en la música popular

26 de mayo: Juanma Sanchez: La gaita charra, el tamboríl y otros instrumentos

CHARLAS DIDÁCTICAS

7 de abril: Julio Martín Menayas "Viejo Gañán" (Colaborador revista Interfolk) Un viaje por la música folk: desde los años sesenta hasta nuestros días

Con la presencia de Jorge Mochales, músico e investigador

28 de abril: María Luísa García: Folklorista , colaboradora de Hoy por Hoy (cadena Ser)

 Hasta el momento, han pasado por los Viernes de la Tradición artistas como MADAEN AL-ANDALUS, Salvador Cacho y Rodrigo Martinez.

 

 

Un Reformador Ilustrado en San Sebastian de los Reyes

Un Reformador Ilustrado en San Sebastian de los Reyes

P.J. Cañameras
Entre los múltiples atractivos que alberga en su seno el Museo de Artes y Tradiciones Populares de San Sebastian de los Reyes hay que destacar un nada desdeñable patrimonio bibliográfico, compuesto por ediciones antiguas de obras versadas sobre diversos campos de interés para el investigador de la Cultura Tradicional o el simple curioso.

De entre este conjunto de libros destaca la obra titulada “Discurso sobre el Fomento de la Industria Popular”, nacida de la pluma de D. Pedro Rodriguez de Campomanes (Santa Eulalia de Sorriba (Asturias), 1723- 1802), político al servicio de Carlos III y gran reformador ilustrado experto en historia, economía y leyes. Editada en el año 1774 en Madrid por la imprenta de Antonio de Sancha, la obra tuvo en su momento una tirada de 30.000 ejemplares y fue traducida a otras lenguas europeas, convirtiéndose en el tratado de economía en lengua hispana más difundido de todo el siglo XVIII.

La figura de Campomanes es, sin duda, una de las más singulares y polémicas de su tiempo. Reformista al servicio de un régimen monárquico ilustrado, la principal inquietud del político era reforzar el poder estatal sin olvidar atender la riqueza pública, entendida esta como el asegurar el empleo y sustento para toda la población. Para ello Campomanes aboga por dejar de lado los ya por aquel entonces viejos tópicos de la supuesta vaguería hispana, para abundar en la necesidad de promover la formación y enseñanza entre los españoles de las nuevas técnicas y descubrimientos científicos que se estaban produciendo. Con este fin se crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País, formadas por miembros de la nobleza, cuya función era promover el desarrollo científico (mediante premios y ayudas), estar al día de los avances en el extranjero, formar expertos, etc.

Entre otras propuestas, Campomanes incide en la importancia de acciones tales como promover los avances en agricultura, industria, comercio y transporte, la incorporación de la mujer al mercado laboral, desarrollar un sistema de enseñanza popular y gratuíta como fuente de riqueza, fomentar la investigación científica , aprovechar la mano de la obra extranjera e incluso la posibilidad de reinserción de los presos mediante su formación en oficios. La justa aplicación de estas reformas conducirá a un Estado en dónde todos sus miembros trabajen por el bien común “porque el interés común está perfectamente unido con el particular de cada familia”, ya que es obligación del hombre público“hacer más feliz la condición del pueblo, sobre cuyos hombros descansa todo el peso del Estado.”

Encuadernadas en piel e impresas sobre pergamino, las lúcidas reflexiones del reformador ilustrado han sobrevivido casi 230 años hasta que, por los múltiples vericuetos de la historia, un ejemplar de la obra de Campomanes llegó a los fondos del Museo de Artes y Tradiciones Populares de San Sebastián de los Reyes, en dónde se encuentra expuesto tras ser sometido a una cuidada restauración. Una riqueza más que pasa así a unirse al riquísimo patrimonio bibliográfico municipal, y que podremos contemplar junto con muchos otros elementos en el Museo recien inaugurado.

P.J. Cañameras

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Museo Artes y Tradiciones Populares SS Reyes

Museo Artes y Tradiciones Populares SS Reyes

La culminación de un largo esfuerzo supone siempre grandes recompensas. En la apuesta por la Cultura siempre está implícita esta premisa, porque es una tarea ardua, muchas a veces a largo plazo y que generalmente permanece oculta ante los ojos del público. Por ello debemos felicitarnos por la creación del Museo de Artes y Tradiciones Populares de San Sebastian de los Reyes, que tendrá en el recientemente remodelado “Caserón” el espacio digno y adecuado para sus colecciones antropológicas.
Un Museo de Artes y Tradiciones Populares ¿de qué va eso?¿acaso los objetos expuestos encierran algo más que desconocemos? La palabra Museo santifica cualquier objeto que se exponga entre sus fondos, pero siempre dentro de un criterio. El Museo del Prado alberga obras de arte, el de Ciencias Naturales, colecciones científicas, y el Arqueológico piezas de la antigüedad. ¿Qué es lo que guarda nuestro museo que lo hace tan valioso? Pues ni más ni menos que la memoria de lo que fuimos, de un tiempo tan extraño y a la vez tan próximo, de una forma de vida tradicional propia de aquellos que jamás encontraron hueco en los grandes museos. La propia humildad de las piezas es su gran valor: son huella de trabajo, reflejo del ingenio y el día a día, de la lucha contra las dificultades y de la rústica destreza de sus creadores. Y eso se merece un museo ¿no creen?

PASTORES EN LLANES

PASTORES EN LLANES

P.Cañameras
El pasado 5 de agosto tuvo lugar la presentación oficial del documental "Pastores", en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias que, gestionado por la Asociacion Cultural el LLacin, viene desarrollando desde 1994 una importantísima labor de promoción y protección del patrimonio etnográfico asturiano.

"Pastores" es también el nombre de la exposición temporal que durante este verano ha organizado el Museo. El objetivo es dar a conocer un oficio milenario, el pastoreo, cuyos últimos representantes se mantienen a duras penas afrontando el precario equilibrio entre su modo de vida tradicional y las nuevas servidumbres que les impone el correr de los tiempos

Más información:
Museo Etnografico del Oriente de Asturias

PERVIVENCIA DE LOS SERES DE LEYENDA

PERVIVENCIA DE LOS SERES DE LEYENDA

El siglo XX no fue propicio para el mantenimiento de la leyenda. El racionalismo científico, y la industrialización masiva han acabado, en Europa, con gran parte de las grandes extensiones salvajes de bosque, habitat propicio para las historias de duendes y brujas. Las grandes ciudades no son lugares en dónde las criaturas de leyenda, tal y como las conocieron nuestros abuelos, puedan sobrevivir. Nuevos mitos y criaturas han venido a sustituirlos: los duendes, xanas, meigas y ogros del pasado se han tranformado, por obra y gracia de la nueva mitología científoide en extraterrestres de grandes cabezas que secuestran y someten a toda clase de horribles torturas a los pobres abducidos...las brujas se han “domesticado”, y ahora ofrecen sus servicios via telefónica y salen en la televisión, transmutadas en horrorosos charlatanes/as cuyo máximo poder es la capacidad para seleccionar los atuendos más horrorosos y los métodos más absurdos para la atisvar el devenir del destino. Trasgos y gnomos apenas pueden respirar en una tmósfera enrarecida por los gases de los tubos de escape, ni vivir en enormes bloques de cajas de cerillas sin ningún rincón oscuro en el que esconderse, incapaces de excavar en el asfalto sus madrigueras.

La mayor parte de la población de los paises industrializados ha nacido y vive en las ciudades, y permanece completamente ajeno al mundo rural, al de sus mayores, que siempre se caracterizó por ser dependiente y temeroso de los designios de la naturaleza, personalizada por el creer popular en la figura de seres mágicos, inestables vecinos cuya relación con los humanos es ambigua y caprichosa, por lo que siempre han sido respetados y temidos. Metáforas de la propia inseguridad del hombre enfrentado a una naturaleza variable, los seres mágicos han sido poderosos mientras que la dependencia con respecto al medio ha sido la constante, la única respuesta válida para determinados fenómenos que la mente aún no racionalista no conseguía explicar.

Sin embargo, ahora los tiempos han cambiado.Por primera vez en toda la historia el ser humano ha sido capaz de someter la naturaleza a su designio, y se ha liberado de las ataduras de la superstición. Acomodados en la sala de estar, viendo la televisión, los “urbanitas” somos ajenos a todo ese mundo, que nos parece propio de cuentos de viejas. Nuestra vida está meticulosamente planificada e inmersa en un sistema económico-social que nos alimenta y en uno científico-técnico que nos da las herramientas para someter al medio. Ya no tememos las malas cosechas, ni a las tormentas, ni que el ganado se muera..., ahora las preocupaciones son el paro, la droga, el terrorismo...Nuevos miedos, nuevos problemas, que tienen una explicación racional y que de ésta manera pueden ser afrontados. Las otras posibilidades ni nos asustan ni nos llaman la atención, por lo que sus responsables últimos, los seres mágicos, no nos afectan.

El urbanita medio jamás ha tenido contacto con el campo para otra cosa que no sea invadirlo los domingos, con lo que pocos han pasado por la experiencia de pasear por un bosque de noche, o de vivir una tormenta a cielo abierto. Su percepción de estos ambientes es parcial, y está exenta de una relación continuada, con lo que su modo de interpretar los espacios abiertos es la de tratarlos a la manera de esos “microecosistemas” urbanos que son los parques, en dónde las plantas son meros suministradores de sombra y flores, sin que tengan para él ningúna significación mas. Las visitas al bosque se han convertido en un anexo a la vida urbana, desprovistas de ese contacto diario que hacia a los ancestros plantearse determinadas preguntas y personalizar en sus historias a los fenómenos naturales.

El ser mítico nace de nuestra imaginación, que al escuchar un corretear de pies menudos tras nuestro durante el paseo nocturno puede relacionarlo con la presencia de un duende travieso, aunque, en realidad, se trate del correr nervioso de un zorro asustado. El hecho es que, si asociamos el ruido con la imagen mítica que conocemos a través de las leyendas, nuestra impresión última será que, efectivamente, hemos trabado contacto con un ser mágico, en otras palabras: interpretamos el mundo conforme a nuestros esquemas mentales y creencias. Si en vez de en duendes, nuestra imaginación ha sido alimentada a base de Expediente-X, abducciones y ufología, no cabe duda de que interpretaremos el hecho como un auténtico encuentro en la Tercera Fase, en la línea de las nuevas mitologias espaciales. Pero esto no es más que una demostración de que los mitos del pasado se resisten a desaparecer. Auténticamente investidos de capacidades para sobreponerse al final de su tiempo, los seres mágicos han adoptado nuevas formas, acordes con los tiempos en que corremos. Nuevas leyendas se inician cada dia, y el ejemplo que acabo de citar es paradigmático, pero podría referir otros muchos.

Sin embargo, no todo está perdido para las leyendas de antaño. La imagineria popular contemporánea se alimenta de los productos creados por la televisión, el cine, los comics y la literatura, que se han convertido en el último reducto para la supervivencia de estos seres, aún cuando habitualmente esto les cueste pagar un alto precio; comparemos sino, la imagen mitológica de los graves y deformes enanos germánicos con los voluntariosos y sexualmente inapetentes protectores de Blancanieves...Este no es el caso de otro grupo de seres, cuyas historias han servido para poner los pelos de punta a cientos de generaciones, y cuya presencia puede rastrearse desde tiempos remotos y en muy distintos lugares: estamos hablando de los hombres-lobo y de los vampiros. Ambas criaturas se han convertido en protagonistas indiscutibles del género de terror, siendo raro el mes que no se estrene alguna película en la que no aparezcan sobre todo los segundos- no en vano, el conde Drácula es el personaje de ficción que más veces ha sido llevado a la pantalla – aunque generalmente en producciones de escasa calidad artística (e ínfima imaginación, todo hay que decirlo). De los primeros ya nos ocuparemos en otro momento. Ahora es el turno de los “no-muertos”, los “nosferatu”, el vampiro.

Como ya hemos mencionado, podemos rastrear la presencia de estos seres sobrenaturales a lo largo de diferentes culturas y periodos, compartiendo características similares en todos ellos. Un estudio generalizado de todas las variables del mito sobrepasa con mucho nuestras capacidades, con lo que este trabajo se centrará en los chupasangres que han atemorizado las noches de los habitantes de nuestro pais.

Invasión de botijos!!!!!!

Invasión de botijos!!!!!!

¿UN BOTIJO EN UN MUSEO?

Humilde puchero artesano, diseño anónimo de allende otros tiempos, el tan conocido y a la vez despreciado botijo ocupa en los Museos de Artes y Tradiciones Populares un lugar de honor, enmarcado en vitrinas de última tecnología e iluminado por focos como si fuera la mismísima Dama de Elche. Pariente pobre de cráteras griegas, lozas doradas, porcelanas chinas y cerámicas de Manises, el botijo ha sido compañero de fatigas inseparable de muchas generaciones de españoles, de cuyo pitorro han saboreado un agua siempre fresca y terrosa, refresco indispensable para el arduo laboreo durante las tórridas horas del verano.
¿Un botijo en un Museo? Se sorprenderán algunos y se sonreirán los más, pensando en que chalado está el mundo y cuánto dinero del contribuyente se gasta en cosas baladís. No ¡decenas! Decenas de botijos de todas las formas, colores y tamaños, que desde su puesto en la vitrina, parecen reivindicar el lugar que les corresponde en la historia, en la que siempre han sido relegados a mera cacharrería pueblerina, tosco barro paleto, en definitiva, compañero de trabajo de arrieros, jornaleros, campesinos, obreros de la construcción y demás sediento proletariado.
¿Es justa esta visión? ¿qué se puede ocultar de noble en el simple barro amasado y cocido?. Cómo es frecuente en esta vida, no siempre vemos lo que tenemos delante, y hasta el objeto más insignificante merece, transponiendo a nuestro modo lo que alguien dijo en cierta ocasión, sus bien ganados minutitos de gloria. Así que doblemos el riñón, cojamos tan modesto cacharro y dediquémosle una mirada más detenida pues bien podría revelarnos más de una sorpresa.
Y es que ya el mismísimo Pericles en la antigua Grecia pudo refrescarse el gaznate usando el “askoi”, un tarataratabuelo de nuestro protagonista, y desde luego parece ser que los legionarios romanos bebían de un cacharro denominado “butticula” al tiempo que excursionaban en pleno arrebato imperialista.
De aquellos ilustres antepasados nos ha quedado un retoño humilde pero muy apañado. Es el botijo una pieza generalmente grosera y utilitaria, de diseño muy conocido, en el que su característica más peculiar lo constituyen sendos apéndices, la boca de relleno y el pitorro, mas un asa o agarradera de múltiples formas y dispuesta generalmente en sentido transversal. Su peculiar virtud consiste en mantener fresca y deseable el agua que en su recipiente almacena, y sin pilas ni enchufes oiga, cosa que parece de maravilla en estos tiempos de crisis energéticas.
Proviniendo de un país tan múltiple y diverso como el nuestro, evidentemente el botijo presenta una variedad de formas, decoraciones y usos tan amplia como variopinta: botijos de rosca, botijos trampa, coronados, de gallo, de nevera, antropomorfos, etc., y nos atreveríamos a decir que pocos objetos de origen tan humilde han sufrido una mayor atención a lo largo de nuestra historia, hasta el punto que se puede afirmar que cada región de España tiene sus bailes, sus trajes y sus botijos. Dime de qué botijo bebes y te diré de dónde eres.
Se suele decir que en la variedad está el gusto, y estamos seguros de que el sabio que pronunció tan acertada máxima se echó un trago de botijo tras su razonamiento, pues en el caso de nuestro cacharro no pudo estar más acertado. Pasen y vean, y asómbrese ante tamaña diversidad. Junto a la más soberbia horterada “typical spanish” que jamás alguien pudiera concebir, podemos encontrar piezas sinceras y humildes, producto de una artesanía en extinción cuyas técnicas y decoraciones se llevan repitiendo durante siglos, siempre a la sombra de esa otra cerámica tan fina dedicada a embellecer las casas de los pudientes y para la cuál siempre habrá sitio en los museos.
Así que ya sabe, después de aprendida esta lección, dedique unos minutos a contemplar a su viejo cacharro de arcilla con ojos tiernos. Creanme: por unos segundos el se sentirá tan a gusto como una porcelana del Buen Retiro.

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Origenes del mito del Vampiro: Mesopotamia

Origenes del mito del Vampiro: Mesopotamia

La Relación entre la sangre y la naturaleza dual del ser humano, angel y diablo a la vez, es un tópico que se repite desde hace miles de años. De igual modo, el papel generador del fluído vital ha sido puesto de manifiesto prácticamente en todas las culturas. Una de las más antiguas aportaciones es la de la mitología mesopotámica, cuyo conocimiento puede ser revelador puesto que ofrece algunas claves interesantes que coinciden con el mito que estamos tratando. No se trata de afirmar pervivencias ni mecanismos de difusión cultural, pero sí el manifestar que determinados conceptos que parecen acuñados recientemente en realidad no son sino reiteraciones sobre ideas ya dadas.

En el clásico manual sobre Mesopotamia del orientalista George Roux, se recogen los principales mitos sobre la creación babilonios, redactados en forma de poemas bajo el título “Enuma elish...”, y que se fechan en torno al siglo XII antes de Cristo. La historia se inicia con el Oceano primordial, Tiamat, símbolo del caos cósmico generador a partir del cuál irán naciendo los dioses, cada uno de los cuales es una personificación de los elementos: el cielo, la tierra, el agua dulce...de entre ellos, el principal es Ea, díos del agua dulce, el dios inteligente por excelencia, inventor de las artes , las ciencias y las técnicas, protector de los magos y creador del hombre. Cuándo Tiamat, harta de las molestias que le causan los nuevos inqulinos, decida eliminarlos, Ea consigue paralizar el complot y eliminar a los aliados de Tiamat. Pero esta, furiosa, consigue reunir un ejército de criaturas de pesadilla, compuesto por dragones, leones gigantes, perros rabiosos, demonios y terribles tormentas. Al mando de tan horrible tropa puso a su hijo Kingu, que con su mera presencia hacía estremecerse de temor a los propios dioses.
Los ojos de todos están vueltos hacia el antiguo salvador, Ea, que, sin embargo, se ve impotente para frenar a tan formidable enemigo. Parece que el, finalmente, el horror se abatirá sobre la raza de los dioses, que ve próximo su fin, mientras Tiamat disfruta del espectáculo rodeada por su ejército de pesadilla.
Sin embargo, Ea , aún guarda una última baza: su hijo Marduk. A duras penas logra convencer al muchacho para que se enfrente contra el monstruo, y sólo tras que la Asamblea de los Dioses acepte el mando irrevocable de Marduk y se le acepte como “el proclamador de los destinos”, reconociéndole como el rey del universo y otorgándole un trono y una maza como símbolo de su poder . Sólo entonces el joven dios acepta ir al combate, última esperanza de una estirpe abocada a la condenación.
Los dioses equipan a su paladín de la mejor de las maneras, y Marduk elige cuidadosamente cuales serán sus armas de cara a la batalla que se le presenta: el arco, el rayo, la red, el viento y los huracanes. Tocado con una corona formidable y protegido por su armadura, monta sobre su carro-tormenta y se presenta ante las huestes de Tiamat, decidido a lanzar un desafío a la diosa. Esta, vieja y poderosa, contempla burlonamente al jóven y minúsculo dios, que se vanagloria de su poder ante ella, que ha nacido antes del tiempo y que es el principio generador del universo.

Segura de sí misma, la monstruosa deidad acepta el desafío, y salta al campo de batalla decidida a acabar de una vez por todas con el molesto jovenzuelo. Marduk se encuentra sólo en una batalla en la que se juega el destino de toda su raza: son dos concepciones del universo frente a frente, antagónicas y exclusivistas, de cuyo choque habrá de nacer un nuevo mundo, caótico u ordenado.

Los dos contendientes se atacan, y en un principio, Marduk parece ceder. El empuje de Tiamat es impresionante, y a duras penas el joven dios es capaz de contenerlo. Sin embargo, la confiada Tiamat baja la guardia demasiado pronto, momento que Marduk aprovecha para enredarla con su red. Tiamat, sorprendida, quiere gritar pidiendo ayuda a su hijo, pero Marduk hace que las tormentas penetren en su boca, atraviesa su corazón con una flecha y finalmente le machaca el cráneo con la maza. Tiamat cae muerta, y su ejército de monstruos huye despavorido hacia los infiernos de los que salieron. En la confusión de la huída, Kingu, el feroz general del derrotado ejército, es atrapado por los vencedores.
Del cuerpo de Tiamat, Marduk crea la tierra tal y como la cocemos ahora. Para su hijo Kingu, guarda un destino especial, ya que pretende crear una bella obra como jamás antes había sido concebida:
“Haré un haz de sangre, una osamenta.
¡Y alzaré un ser humano, cuyo nombre será hombre!
Quiero crear a este ser humano, a este hombre,
Para que, encargado del servicio de los dioses,
Estos puedan estar en paz”

Kingu, preso, es llevado por Marduk hasta su padre, Ea. La Asamblea de los dioses decide condenarlo por sus crimenes, y dicta su terrible sentencia: en castigo por sus actos, Kingu deberá ser degollado. Su sangre, procedente de la madre Tiamat, tiene increíbles poderes generadores, y de ella, mezclada con barro, Ea da cuerpo a nuestra estirpe:

“De su sangre Ea creó a la humanidad/le impuso el servicio de los dioses...”
Este mito, en una variante muy similar, vuelve a repetirse en otras epopeyas mesopotámicas pero con protagonistas diferentes. En esta ocasión, lo que principalmente nos interesa es señalar el papel de la sangre como generadora de la raza humana, y así mismo, el determinar que nuestra condición está marcada por el hecho de que somos hijos de la sangre de un díos corrupto, rebelde y malvado. Los mesopotámicos, grandes conocedores del alma humana, ya señalaban hace tres mil años una de las grandes verdades sobre la naturaleza de nuestro ser: nos debatimos entre el bien y el mal, y por mucho que nos esforcemos, este último siempre será parte de nuestra naturaleza. El vampiro, como reflejo de lo oscuro de nuestro ser, se engloba plenamente dentro de esta descripción.

GALLAECIA Y LOS GALAICOS

GALLAECIA Y LOS GALAICOS

LAS TRIBUS DE LA HISPANIA PRERROMANA
GALLAECIA Y LOS GALAICOS
“Gallaecia (...)la región es muy rica en oro, de forma que incluso con el arado con frecuencia cortan terrones de oro (...)”
Justino Epitome, 44.3
Los orígenes de los pueblos galaícos se pierden en las brumas del mar que abraza su territorio. Gallaecia es punto de partida y llegada hacia otras tierras, y los romanos aseguran que en él se acaba el mundo, localizando en esta zona el finis terrae. Más allá de este punto, se especula con la existencia de un gigantesco abismo en el que se abaten las aguas del Océano en rugiente cascada, habitado por temibles criaturas. En alguna ocasión, avezados marineros fenicios, griegos o célticos han intentado alcanzar dichos lugares, quedando como únicos testigos de sus hazañas tan sólo restos dispersos traídos por las olas. La cultura galaíca es principalmente céltica, aunque matizada por elementos nativos muy antiguos, que hablan de dioses primigenios y desconocidos para otros célticos.
Gallaecia es una región muy rica en minerales tales como el cobre, el plomo y el minio, así como en oro, de tal forma que el preciado metal puede hallarse con facilidad excavando tan sólo un poco. Abundan los montes sagrados, poblados por los espíritus y a los que tan sólo pueden acceder los druídas para realizar sus misteriosos rituales. De entre ellos, hay uno que entre los galaicos tiene especial importancia, puesto que en el se dice que existe una puerta que comunica con el Otro Mundo. Nadie que porte armas o instrumentos de hierro puede acceder a él, bajo pena de graves maldiciones. Su interior es de oro puro, pero nadie se atreve a violar la superficie del Monte Sagrado. Tan sólo en los días de tormenta, cuándo la tierra es herida por el rayo, se permite recoger el oro esparcido, pues se entiende que este es un regalo de los dioses a sus fieles
La localización de este Monte es celosamente guardada por la orden de los druídas, y cualquier extraño que sea atrapado acercándose a él desaparecerá de forma rápida y dolorosa. Sin embargo, el dinero de Roma abre las orejas, y los celosos guardianes del Monte Sacro deben aplicarse cada vez con más celo en su sagrada misión.
El Monte Sacro puede ser una puerta que en realidad comunique el mundo de los vivos y de los muertos. Entre las tribus galaícas se tiene la creencia de que las almas de los que han muerto deben de dirigirse hacia allá para alcanzar reposo, y que para ello deben de viajar desde el lugar dónde murieron hasta el Monte Sacro. Ocurre sin embargo, que a veces los espíritus de los muertos no encuentran el camino, y su andar se pierde entre los montes de Gallaecia. Es por ello que los viajeros deben incrementar sus precauciones cuándo viajan, especialmente de noche, ya que muchos de aquellos espíritus vagan buscando venganza de los vivos, por envidiar su suerte. Otros, sin embargo, tan sólo solicitan asistencia para poder llevar su viaje a buen término, y no albergan intenciones ofensivas para con los mortales. Es por ello que en cada castro galaíco siempre se mantiene encendida una hoguera por las noches, con el fin de que las ánimas perdidas puedan parar y reconfortarse en su camino. Dicho fuego es sagrado, y en el no se puede cocinar ni quemar alguna otra cosa que no sea la madera cuidadosamente seleccionada por los druídas, ya que se puede incurrir en la ira de los espíritus. Si por alguna circunstancia el fuego se apaga, ello significa sin duda que la desgracia se cierne sobre el poblado.
Gran número de riachuelos y lagunas salpican el territorio, que están habitadas por ondinas y otros númenes acuáticos, siempre caprichosos y exigentes con los mortales. De entre ellos, los númenes de los ríos Birbilis y Cálibe son los más poderosos, y a ellos acuden guerreros de toda Gallaecia para que otorguen poderes extraordinarios a sus espadas y jabalinas.
Las tribus galaicas se agrupan en torno a los castros, poblados fuertemente fortificados, dotados de murallas y fosos, situados en puntos estratégicos del territorio, en lo alto de montes dominando los principales pasos y vías de comunicación. Las murallas sirven tanto como refugio ante las incursiones de pueblos vecinos y alimañas como para evitar que escape el escaso ganado con el que cuentan. Las casas son de planta circular, y están hechas a base de lajas de piedra, cubiertas por un techo cubierto con ramas. Dentro de las mismas, el espacio principal está destinado al fuego del hogar, en torno al cuál se reunen los miembros de las familias para comer, narrar hazañas en la lucha, cantar canciones o contar viejas historias. En cada uno de estos castros habitan gentes pertenecientes a un mismo clan, y mantienen lazos de parentesco con otros castros próximos, con los cuales mantienen relaciones comerciales, conciertan matrimonios, etc. El conjunto de estos castros forma la tribu, que, sin embargo, carece de un rey o algo parecido, sino que se regula por un consejo de notables elegidos en base a su edad, dignidad y hazañas guerreras.
Las mujeres se encargan de administrar la casa, cuidar de los animales y desarrollar las duras tareas del campo. Por su parte, los hombres se dedican principalmente a las armas, en las que se adiestran continuamente con el fin de ejercitar el noble deporte del pillaje contra sus vecinos. De entre ellos, los guerreros más poderosos y los notables se distinguen mediante el uso de torques y brazaletes de oro, decorados ricamente a base de motivos geométricos y vegetales.
Los galaicos crían una raza autóctona de caballos, de andar elástico y adecuado para cubrir largas distancias por el terreno abrupto en el que habitan. Son los llamados tieldones, de aspecto peludo y primitivo y más pequeños que un caballo romano, pero no tanto como el asturcón. Estos animales son utilizados principalmente como bestias de carga o medio de transporte, y no pueden competir en el combate contra los ligeros caballos ibéricos.
El ropaje de los galaicos consiste en túnicas cortas en verano, ceñidas al cuerpo con cinturón, abrigándose con capas de lana en el invierno. Los más ricos pueden decorar sus ropas con ricos bordados. Los pies pueden ir desnudos o con polainas. El guerrero galaíco portaba caetra, puñal y espada larga, así como grebas para protegerse las piernas.
Leyendas y tradiciones
El solar de Gallaecia ya fue conocido en los días antiguos por otros pueblos y héroes. Los griegos cuentan que Teucro, (el hermano del famosísimo héroe Ayax), muerto en combate, hubo de dejar su patria de Salamina tras la caída de Troya, debido a que su padre, Telamón, le consideraba odioso ante sus ojos porque a su juicio debería de haber muerto él, en vez de su amado hijo Ayax. Repudiado, y con la compañía de tan sólo un puñado de fieles, Teucro vagó por el Mediterráneo, hasta llegar a las costas de la futura Cartago Nova. Allá oyó testimonios de una tierra oscura y brumosa, situada en el extremo noroccidental de Iberia, en dónde el oro era tan abundante que los campesinos lo recogían del suelo según iban arando.
Atraído por estas historias, Teucro llevó a sus seguidores hasta aquella tierra mítica, en dónde se dice que se mezclaron con los naturales, fundando una nueva ciudad de nombre griego, aunque algunos otros cuentan que quizás sus pasos le llevaron hacia otras tierras y otros mares aún más lejanos.
Sin embargo, el más famoso de los héroes griegos que pisó el solar Galaico fue el mismísimo Heracles, quién se enfrentó en las costas de la actual Coruña contra el gigantesco Gerión, padre de gigantes, un enorme monstruo humanoíde de dos cabezas cuya raza mítica gobernaba con mano dura la Península tras la caída de la Atlántida. Tras una lucha épica, Gerión fue derrotado por el héroe, y sus huesos sirvieron como cimientos para la construcción de un faro romano que ha perdurado hasta nuestros días: la Torre de Hércules.
Sin embargo, para los nativos célticos de Gallaecia, existen otros héroes y gestas. El mar siempre fue un imán para los pueblos que allá habitan, y pronto comenzaron a surcarlo en débiles barcas de cuero , desafiando los peligros y las bestias del mar en busca de sustento y de descubrir nuevas tierras. Narran los más ancianos que, en la antigüedad, existió un poderoso rey–díos llamado Bel que gobernaba con puño de hierro sobre todas las tribus, un númen hambriento de sangre que subyugaba a las gentes de Gallaecia. Un hombre llamado Partholon se alzó con los suyos contra aquel tirano, y consiguió darle muerte con sus propias manos. Pero en aquellos tiempos no estaba escrito que los simples mortales pudieran tan siquiera soñar hacer daño a la raza de los dioses, y Partholon fue desterrado al peligroso océano, en dónde vagó hasta llegar a una lejana isla rica en pastos, aguas, piedras preciosas y fértiles campos, un auténtico paraiso pero que se hallaba habitada en su totalidad por peligrosas criaturas del Otro Mundo, a las cuales se enfrentó con valentía. Pero esta vez los hados de fueron adversos, y el poder del hombre no pudo nada contra la corrupción y la enfermedad, que acabaron con él y su expedición.
Sin embargo, tiempo después, una nueva expedición proviniente de Gallaecia arribó en aquellas costas. Iba al mando de Nemed, descendiente de Partholon, y su objetivo era encontrar a los miembros perdidos de su linaje. Sin embargo, los habitantes de aquella maldita isla recordaban con frenesí el olor de la sangre humana, y acabaron con todos los miembros de esta segunda expedición.
Pasaron los años, y una tercera expedición fue organizada por Milé, hijo de Breogan, hijo a su vez de Brath, que había venido de tierras extranjeras para aposentarse en Gallaecia. Breogan fue el fundador de una nueva ciudad a orillas del mar Brumoso, y allí tuvo noticias de las expediciones de Partholon y Nemed, así como de la maravillosa isla que tan amargo precio se había cobrado. Desgraciadamente para él, la muerte le sorprendió antes de que pudiera organizar una nueva expedición, y el mando de esta recayó sobre su joven hijo Milé. Los ancianos callan en este punto, porque nunca más se supo nada ni de Milé ni de los suyos, aunque algunos afirman que los rasgos de su sangre se pueden reconocer en los rostros de algunos marineros que, procedentes del Mar Brumoso, recalan en las costas de Gallaecia de cuando en cuando.

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